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Fidelio Ponce
La personalidad que proyectó Ponce se logra muy pocas veces.
Discípulo de Romañach no pudo liberarse por completo de ciertos procedimientos académicos como el poner las luces sobre las cosas cual si fueran parches. Empezó con colores tenues, pasando después al verde de vejiga, ocre, tierras y mucho blanco de zinc. Superó esta etapa con algo que él decía ser «pintura nacarada», porque los. colores utilizados eran tenues, rebajados, en la gama de los violetas, azules, rosas.
Esto es lo último que estaba haciendo cuando murió. Sus cuadros son en la actualidad un desastre. Mucho del color ha desaparecido y la superficie se ha cuarteado. No tuvo cuidado en pintar ni sabía cómo hacerlo, porque la Escuela de San Alejandro nunca enseñó procedimientos, ni métodos de preparar las telas y los colores: como el de no recargar con aceite un cuadro, porque se ennegrece; el límite de mezcla en los pigmentos y el modo de barnizar. En fin, la elaboración completa de un cuadro. Métodos hay muchos, pero San Alejandro y sus profesores no enseñaron ni uno. El exceso de blanco de zinc en pasta también ha hecho que se agrieten sus cuadros. El repintado de un color sobre otro color provoca grietas, que pueden apreciarse en su obra en ciertos tonos de siena y verde. Es sabido que cuanta más pasta se aplique a un cuadro más corta será su vida. El exceso de aceite en la superficie de la tela sobre la cual se aplica el color provoca parte del cuarteamiento y engrisamiento del color. El afán de Ponce, como el de muchos pintores modernos, de terminar pronto un cuadro (y no por la manera a inprontu, de Franz Hals) , ocasiona el deterioro de la obra en breve tiempo.
Sus figuras, que recuerdan las del Greco y Modigliani, menos impresionan como personas que como animales enmascarados: galgos con caretas de personas, contrarios a los animales fabulosos de Lam que siempre semejan seres humanos.
En cuanto al color notamos con asombro y no sin cierta inquietud que la pupila de Ponce persigue el blanco con la misma intensidad que el capitán Ahab a Moby Dick. Esta obsesión por el blanco es la exaltación de la luz llevada hacia la nada óptica; es nuestro meridiano que desciende vertical y cegador; es también un recurso para lograr lo que él llamó «pintura nacarada», pues en la abundancia del blanco cualquier tono, por mínima que sea su cantidad, resalta con suave belleza. Aplicados de este modo, ocres y tierras adquieren calidad de colores claros.
Es un colorido fácil, pues sobre una superficie blanca cualquier tono queda bien. La mezcla de un color con blanco rebaja su tono; pero si repetimos el procedimiento, el encuentro de los tonos provocará un oscurecimiento. De ahí que la pintura de Ponce sea opaca, y lo sería aunque sus cuadros estuviesen bien conservados «En el blanco se han desvanecido todos los colores: es un gran silencio lleno de posibilidades, como la nada antes de todo nacimiento»./(Kandinsky) .
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