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Wifredo Lam
Con Mariano muere el último residuo del Impresionismo entre nuestros grandes pintores; con Lam comienza un tipo de pintura que en otra ocasión califiqué de poderosa.
Muy pocas veces se han visto reunidas en un pintor tantas cosas contrarias en perfecta armonía; cosas que se denominan clásicas y modernas; o que son entre sí contradictorias hasta en el empleo del material cuando se pinta.
La Jungla, por ejemplo, es óleo pintado sobre papel. Dibujo a línea hecho con carboncillo y relleno de color para formar el volumen; formas precisas e incisivas en su contorno con total ausencia de dintorno; figuras tubulares que dan la sensación natural de levedad, pero aue en vez de levitar, gravitan; formas aue parecen lanzadas al azar sobre el lienzo, a veces en abigarrada confusión, y que después resulta que responden a la proporción áurea. En fin, moderno y antiguo. Lo cual es un elogio, porque equivale a decir que se reune en él la sabiduría de los maestros antiguos y modernos.
Unificar estos contrastes ha sido una de las hazañas de la pintura moderna; hazaña llevada a cabo por un pintor nuestro. El secreto de cómo pudo conseguir esta unidad reside en el empleo del sentido más profundo del claroscuro como elemento unificador entre los opuestos máximos: la luz y la sombra. La mejor manera de comprender lo que digo es mirar los cuadros de Lam reproducidos a blanco y negro. Notaremos enseguida cómo el color (un verde, por ejemplo) ha sido usado en ocasiones Como zona de tinieblas para los grandes planos contrastantes de la luz y de la sombra. Así en La Silla.
La palabra claroscuro la empleo ahora como norma de color y composición contraria a la espontaneidad del Impresionismo. La sombra y la luz se mezclan aauí (más bien se compensan y equilibran) lográndose por este medio la composición del cuadro, con predominancia de las sombras, al estilo de Rembrandt y el Greco. Este último ha sido muy bien estudiado por Lam.
No el dibu jo, sino el color es el aue produce el volumen de sus figuras, cuando lo hay: porque la composición en los cuadros de Lam sigue más de un método. Usa la sección áurea cuando lo estima necesario al igual que los clásicos y al igual aüe'a¡gunos modernos, pues este modo de componer el espacio es una de las armas más importantes de la pintura.
Un análisis de la obra de Lam arroja un total insospechable a primera vista. Aparecen todas las conquistas de la pintura, tanto las del Occidente, como las del Oriente; de los antiguos como de los modernos. y por añadidura, tenemos en él al pintor que por vez primera introduce en la pintura cubana la cultura negra con sus mitos, símbolos y temas sociales {la tijera de La jungla simboliza «el corte» con el pasado) ; la cultura negra como cultura, no como dato o anécdota.
Su sabiduría plástica le ha permitido producir en sus cuadros efectos que pueden calificarse de mágicos. La evulución de su obra, desde lo más complejo a lo más simple, puede seguirse a través de uno de sus símbolos: el escudo africano romboidal que acaba siendo un rombo definido.
Se ha situado a Lam como surrealista. El fundamento o base del surrealismo está en señalar un «trasfondo universal en el que se funden todas las contradicciones». Es una vieja idea romántica; que aunque con otra forma, había aparecido ya en el «simbolismo» (Walter Hess) .Decía' Gauguin que «el misterio que se presiente en el fondo de todas las cosas
vale más que toda certidumbre». André Breton define al surrealismo como «basado en la fe, en la realidad superior de ciertas formas de asociaciones hasta ahora descuidadas... en el valor todopoderoso del sueño, en el juego desinteresado del pensamiento...» Este valor del sueño y este juego desinteresado, no se encuentran en Lam, cuya pintura está toda calculada, pesada y medida; pero sí encontramos esas «asociaciones hasta ahora descuidadas» ( el subrayado es nuestro). «La última superstición que conservaba el ámbito de la cultura occidental era la fábula de la creación del artista. Uno de los primeros actos revolucionarios del surrealismo fue el atacar ese mito..!, por ello insistió enfáticamente en el papel puramente pasivo que desempeña el artista...» (Max Ernst. Beyond Painting, 1948).
Si esto es cierto, Lam no es surrealista por dos razones: como artista Lam es creador y su papel al pintar no tiene nada de pasivo. Suponer que está carente de toda enseñanza salida de esta escuela es ingenuo. Hay siempre dos grandes planos contrastantes en su arte unidos
por un recurso que no está dado en ningún manifiesto o escrito de los surrealistas y que Lam descubrió y aplicó por si solo gracias a su talento creador: el claroscuro en su sentido más profundo y unificador.
Se dice que Lam viene a encontrarse cuando regresa a Cuba. Es cierto, pero hay que agregar que si no hubiese aprendido lo que aprendió fuera de Cuba, su regreso hubiera sido el de las maletas: mudo e intrascendente. Su sabiduría y madurez fue semilla esperando el contacto con nuestra luz para germinar. Nadie como en él se da la relación del hombre y el medio. «Para hacer época en el mundo son menester dos cosas. Lo primero una buena cabeza y después disfrutar de una gran herencia. Napoleón heredó la Rcvolución Francesa...» (Goethe. Conversaciones, mayo 2 de 1824).
Lam nace en 1902. A los diecinueve años ingresa en San Alejandro y es ayudado por Víctor Manuel, que siempre ayudaba a todos. En el catálogo del Salón de Bellas Artes del año 1923 encontramos a Wifredo Lam Castillo exponiendo cinco óleos: Retrato del artista Telesforo Ferrer, Quinta de los Molinos, Puente del Castillo del PrínciPe, La Habana desde
la Universidad, y Mediodía. Por aquel entonces la Isla nada le decía.
Parte para España. En 1928 hace su primera exposición. y así en el año 1939 lo encontramos en París exponiendo, y también en 1948 junto con otros grandes de la pintura, entre ellos Picasso, que mucho lo distinguia.
Pero toda esta obra es intrascendente. Todavía Lam no es Lam. La guerra lo hace volver a su patria y entonces Lam penetra en el trópico por Haití. En este país existen dos cosas que puede contemplar objetivamente: la cultura negra con todos sus ingredientes y esa otra
cosa que nadie mejor que Alejo Carpentier ha descrito y denominado como lo «real maravilloso.
La luz que gobierna nuestro paisaje lo bautiza y define en el color.
La temática y el procedimiento en el pintar lo extrae de su propia naturaleza tanto como del medio. Lam es hijo de chino y negra. Muchas cosas de la mitología afrocubana le fueron familiares desde su niñez a través de su madre. Su sentido social de la realidad le hizo tomar la temática negra como punto a desarrollar en su obra, pero el procedimiento que utiliza para pintar es oriental en su ejecución. Lam pinta arrodillado con el lienzo extendido sobre el suelo a la usanza de los chinos y japoneses. Aunque en sus óleos suple el agua (procedimiento del chino y del japonés para aplicar el color) por el barniz, su manera de aplicarlo es a la oriental, sutil y difuminado, a la aguada. Por eso el negro que usa siempre como color es el negro de humo. La composición, en cambio, es occidental. .
En 1943 Lam produce un impacto imposible de olvidar con su cuadro La Silla. Ese mismo año pinta LA JUNGLA, que muchos consideran el más importante cuadro de la pintura cubana y que en la actualidad pertenece a la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York habiendo sido seleccionado por el crítico J. Sweeney como uno de
los cien cuadros más importantes de la pintura contemporánea. Mucha obra ha producido Lam desde esos años al presente. Su último gran cuadro (que no hemos visto) se titula Sierra Maestra.
En su primera etapa, la del año 43, notamos los grandes contrastes entre los objetos que integran sus cuadros. La flora que los habita es realista y simple. Hojas, cañas de azúcar y demás plantas están interpretadas por su mirada, pero son reconocibles: no hay metamorfosis en ellas; en cambio, la fauna es de mitología fantástica y simbólica. Vemos otra vez aparecer los dos grandes planos de contrastes. «El encuentro casual de la máquina de coser con el paraguas en la mesa de disecciones. (Lautremont) , es en Lam, un encuentro, sí, pero no casual. Por esta última voluntad consciente el pintor deja de ser un verdadero surrealista para, cuando más, serlo muy sui generis.
«El trópico sólo puede comprenderse y sentirse cuando se vuelve a él después de prolongada ausencia, con las retinas limpias de hábitos contraídos» (Alejo Carpentier). Solamente un pintor con una gran sabiduría pero libre de hábitos puede enfrentarse con la realidad y hacérnosla ver como algo nuevo. Este «algo no era nuevo en realidad sino muy antiguo; nuestra luz, que Lam redescubrió para su pintura creando un paisaje, un contenido, que pide y debe ser interpretado.
Muchos lo han hecho ya, cada cual según resuena en su interior. La Jungla es la interpretación de nuestro paisaje visto por Lam. En este cuadro he visto tantas cosas como cosas hay en mi pasado. En cierta ocasión por el año 46, Lam me dijo que las tijeras de La Jungla significaban el corte con el pasado colonial. Yo siempre las interpreté, además, Como símbolo de la castración de que habíamos sido víctimas como país tanto desde afuera como desde adentro. Esa tijera de color gris acero y aquellas colas fálicas de sus figuras me recordaron esa insistencia en el sexo de todo país que no ve un futuro, que no puede levantar una cruzada sin opio que lo libere en lucha grande y fuerte; esa obsesión por el sexo que tiene muchos rostros, muchas maneras de presentarse, en «la melancolía sensual del trópico» (Desnoes) ; en las parejas de enamorados en los parques de Víctor Manuel; en el acorde fundamental de toda la obra de Carlos Enríquez; en «La Isla en Peso» y «Electra Garrigó» de Virgilio Piñera; en el paisaje feroz de las dictaduras donde los hombres se convertían en sádicas bestias matando y torturando. Muchos dicen que en Cuba no hay jungla. Depende de cómo se interprete esta palabra, si en sentido geográfico o en sentido sustancial como paisaje donde la ferocidad impera tal como la describí en La Seiba: «...los ojos grandes y curiosos de Lam saben tanto en un hacer tan bello y preciso que no se puede agregar ni quitar pincelada ave sin sonido en vuelo de cetrería captó el paisaje interno del cubano fálico animal con la caña erecta suficiente de sexo en su fauna abisal complejo de castración la tijera de La jungla divide el aire gris acero de arpón las colas viriles de sus figuras apuntan al suelo en selva de azúcar bestias que medran muestran la más cara del rostro pienso en mi paisaje soleado cambiado en jungla feroz de las gramíneas fieras alimañas destruyendo lo mejor de nuestra juventud del linaje de la Seiba...». « Wifredo Lam celebra la transformación del mundo en mito y convivencia. La pintura es una de los pocas armas que hoy nos quedan todavía contra la sordidez de la historia» (Alejo Carpentier) .Muchas son las virtudes que se reúnen en la obra de nuestro pintor. La fuerza telúrica de lo afrocubano, el color y su aplicación a la oriental, y la composición y unificación del cuadro a la occidental
\lo trinitican en abundancia. No es posible encontrar culturas mas disímiles reunidas armoniosamente. Si a esto agregamos su gran dominio y gracia en el dibujo y en el color, Wifredo Lam pasa a ser (después de la generación de viejos maestros de la cual Picasso es uno de ellos) el más poderoso pintor actual. Me atrevo a afirmar que nosotros los cubanos
poseemos el más grande pintor contemporáneo.
Esto no debe asombrar a nadie. Quien así se sienta impresionado, desconoce nuestra pintura; desconoce que en la actualidad la suma de nuestros pintores arroja como resultado el movimiento pictórico más importante de América. Hemos aprendido de todos y con todos, pero nuestro total es superior. Este movimiento nuestro es también uno de los de más calidad en el mundo.
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